miércoles, 9 de abril de 2014

Domingo de Ramos

Jesús se despide de sus amigos con un gesto sencillo, como lo fueron todos sus actos y palabras, pero capaz de condensar todo el Misterio. Toma pan y vino, agradece, bendice, rompe y reparte. Es un gesto de donación total en dos direcciones: Una hacia sus amigos, a los que se entrega en medio de la incomprensión y la traición. Y otra hacia el Padre. Cuando todo se hunde, cuando hasta el mejor amigo falla, Jesús se abandona al Padre y hace ejemplo vivo de ese fregmento del Padrenuestro: “hágase tu voluntad así en la Tierra como en el Cielo”. Un gesto parecido había tenido su Madre: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”. Jesús, el Señor, se humilla antes de ser ensalzado, se hace obediente hasta la muerte, una muerte de criminal y de esclavo. 

Señor, cuando me acerco a la Eucaristía como tu Cuerpo y bebo tu Sangre. Te entregas por entero a mí y sólo así me acercas definitivamente al Padre. Te doy gracias Señor, siempre. Y me pregunto, ¿hasta dónde estoy dispuesto a entregarme al Padre y a mis hermanos?


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