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viernes, 14 de agosto de 2015

Ruega por nosotros



Cada día, María nos saludas.
Tu palabra no da voces, tu presencia es discreta.
En cada encrucijada del camino nos esperas.
Nos saludas con la sonrisa, tiendes los brazos para decirnos tu ternura.
¡Ojalá tengamos el corazón despierto y los ojos asombrados
para encontrarte y escucharte!
Cada día contigo es como una nueva anunciación.

¡Cómo te gusta, María, pasear por nuestras calles!
¡Con qué alegría bajas del altar para acercarte a nuestras vidas
y convertirte en una vecina más!
¡Qué prisa la tuya por entrar en las casas de los enfermos y de los solos,
y poner en todos tu música y tu cariño!
Con tus pies ligeros y tu sonrisa te haces la encontradiza de todos,
nos presentas a Jesús, nos dices que hagamos lo que Él nos diga.

¡Cómo te gusta entrar en la mar de nuestro mundo!
¡Siempre tienes prisa de ponerte en camino hacia lo nuestro!
¡Cuánta complicidad entre ti y los hombres y mujeres de nuestros pueblos!
¡Cuántas, cuántas confidencias que solo entiende quien está dentro!
¡Cuántas cosas compartidas en el cotidiano día a día!

Tus ojos se encuentran con los nuestros en un cruce fecundo de miradas.
A todos, por estar llena de Dios, ofreces tu vida abierta,
en ti todos perciben un rostro de mujer nueva modelada por la gracia.
Miras a todos los peregrinos de la humanidad,
alientas a todos los que buscan caminos de verdad y belleza,
acompañas siempre lo que nace y necesita ser cuidado.

No hay más que mirarte para entender que quieres quedarte en nuestra casa,
que deseas hacer tuyos los dolores y gozos de esta humanidad.
De mil maneras nos haces sentir tu cercanía y cariño.
Con el beso y la mirada, con la canción y la poesía, con la flor y la sonrisa,
te expresamos el gozo y la alabanza que despierta tu presencia entre nosotros.
Animados por el Espíritu emprenderemos el camino del evangelio de Jesús.
Sabemos que esto es lo que de verdad te alegra el corazón.
Que tu luz nos alcance nos alcance cada mañana.
Guía nuestra barquilla en las adversidades.
Con todas las familias de la tierra te aclamamos.
Con todos los hombres y mujeres te aclamamos.
Con todos los humillados de la tierra te aclamamos.
Con todos los amigos de Jesús te aclamamos.

Dios te salve, María: llena eres de gracia;
el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres;
y bendito el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

miércoles, 20 de mayo de 2015

María Pentecostés



María Pentecostés,
cuando la Iglesia aún era
pobre y libre
como el Viento del Espíritu.

María Pentecostés,
cuando el fuego del Espíritu
era la ley de la Iglesia.

María Pentecostés,
cuando los Doce exhibían
el poder del testimonio.

María Pentecostés,
cuando era toda la Iglesia
boca del Resucitado.

(Pere Casaldáliga)

sábado, 10 de mayo de 2014

Madre nuestra

Ya que estamos en el mes de mayo, os dejo aquí una oración para ofrecérsela a la Virgen María. Pincha sobre la imagen y ten un rato de silencio.


martes, 6 de mayo de 2014

María madre del Sí

Estamos en el mes de Mayo. No dejemos de dedicarle un rato a nuestra Madre en este tiempo de Pascua.



María, Madre del sí, 
tu ejemplo me admira. 
Me admira porque arriesgaste tu vida; 
Me admira porque no miraste a tus 
intereses 
sino a los del resto del mundo; 
Me admira y me das ejemplo de 
entrega a Dios. 

Yo quisiera, Madre, tomar tu ejemplo, 
y entregarme a la voluntad de Dios 
como tú. 
Yo quisiera, Madre, seguir tus pasos, 
y a través de ellos acercarme a tu Hijo. 

Yo quisiera, Madre, tener tu 
generosidad y entrega 
para no decir nunca «no» a Dios. 
Yo quisiera, Madre, tener tu amor 
para ser siempre fiel a tu Hijo. 

Madre del sí, 
pide a tu Hijo por mí, para que me dé 
tu valentía. 
Pide a tu Hijo por mí, para que me 
conceda 
un corazón enamorado de él. 

jueves, 5 de diciembre de 2013

Inmaculada


La alegría de María es el gozo de una mujer creyente que se alegra en Dios salvador, el que levanta a los humillados y dispersa a los soberbios, el que colma de bienes a los hambrientos y despide a los ricos vacíos.

La alegría verdadera sólo es posible en el corazón del hombre que anhela y busca justicia; libertad y fraternidad entre los hombres.

María se alegra en Dios, porque viene a consumar la esperanza de los abandonados.

Sólo se puede ser alegre en comunión con los que sufren y en solidaridad con los que lloran.

Sólo tiene derecho a la alegría quien lucha por hacerla posible entre los humillados.

Sólo puede ser feliz quien se esfuerza por hacer felices a otros.

Sólo puede celebrar la Navidad quien busca sinceramente el nacimiento de un hombre nuevo entre nosotros.