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sábado, 22 de diciembre de 2018
sábado, 24 de noviembre de 2018
Credo
Hoy te invito a que pares el tiempo que vives y pienses en el Dios que crees. Para ello te dejo esta canción de Mite Balduzzi titulada Credo.
lunes, 12 de noviembre de 2018
Una llamada a la Santidad
Para animaros a leer la exhortación del Papa “Gaudete et exultate”, una llamada a la santidad, os invito a escuchar la conferencia que realizó el profesor Serafín Bejar, en el centro universitario "Suarez" de Granada.
domingo, 15 de abril de 2018
Llamados a la santidad
El Papa nos pone para esta Pascua una exhortación sobre la santidad. Aquí la comparto con vosotros para que esta Pascua esté llena de vida.
sábado, 17 de junio de 2017
jueves, 31 de marzo de 2016
¿Qué tipo de señal soy?
¿Qué “señales prodigiosas” estamos llamados a dar los creyentes en nuestro mundo? Aquellas señales que confirmen nuestra palabra, nuestra fe... señales de que Dios está como Padre Misericordioso, como Amor ilimitado.
No son señales de Dios el poder, la discriminación, los privilegios, las prepotencias, las críticas vengativas, el orgullo, la acumulación de dinero, los complejos de superioridad, el ir por el mundo pisando a los demás, el tener siempre la razón... y otras cosas parecidas.
En cambio, los contrarios sí son señales de Dios: la humildad, la comprensión, la caridad, la corrección fraterna, la pobreza espiritual, el ir por el mundo con humanidad, sabiendo escuchar y acoger... el amor y otras cosas parecidas.
Seguramente conoces personas que son señales de que Dios está, y que es Padre de Bondad. Pregúntate qué signos ha captado en ellos que te hablan de Dios. Tienen defectos y limitaciones, incluso pecados... pero... ¿qué hay en ellos o ellas que te señalan a Dios?
Pregúntate en tu interior, en tu corazón... “¿soy yo señal de Dios?”
Tú, sí tú joven, estudiante o parado que buscas trabajo, con infinitas preguntas en la cabeza, a veces eufórico y a veces triste, con muchos amigos y algunos de ellos especiales.... Y tú, adulto joven: con demasiado trabajo o en paro, posiblemente con hijos, estresado y muchas veces inseguro... y tú....
Resulta que todos estamos llamados a ser “señales de Dios”, sencillos, nada espectaculares, cotidianos... ¿Cuáles? ¿Cuándo? ¿Cómo?
Jesús Renau, sj
sábado, 27 de junio de 2015
Vida Evangelizadora
- Saber acoger el Evangelio que nos viene a buscar y dejarse convertir por él.
- No hacer nunca sombra al Evangelio, ni con nuestra cultura, ni con nuestro protagonismo ni con nuestro miedo.
- Predicar el Evangelio con la vida. Sólo así seremos testigos, compañeros del Testigo Fiel, y de tantos hermanos y hermanas testigos.
- Practicar, celebrar y anunciar el Evangelio en comunidad eclesial.
- Cómo quería Jesús, derramar la Buena Nueva como sal, fermento, luz, semilla, en cada sociedad, en cada persona, en cada lucha, en cada esperanza.
- Recordar siempre que Dios es un Evangelio más grande que el Evangelio escrito, y dar, presentar el Evangelio con mucha delicadeza, como quien da un beso de Dios.
- No olvidar nunca que el Evangelio conlleva la Cruz.
- Hacer de verdad, como lo hacía Jesús, que el Evangelio sea de los pobres y que pueda llegar a todo el mundo.
- Orar el Evangelio. Profundizar el Evangelio en el silencio de la gratuidad y de la disponibilidad. Hacer el Evangelio con la profecía de los hechos.
- Convocar a todo el mundo alrededor del Evangelio y atraer para Jesús muchos discípulos.
- Anunciar el Evangelio como el único verdadero Nuevo Orden Mundial capaz de hacernos a todos hermanos y hermanas en un solo mundo humano.
- Saber esperar, con insistencia Pascual, la Buena Nueva definitiva de ¡Aquel que viene!
Pere Casaldàliga
viernes, 29 de mayo de 2015
lunes, 6 de abril de 2015
Nadie diga, "soy cristiano", si...
Es Pascua, Cristo ha resucitado. Observa cómo el mundo se ha hecho nuevo: La humanidad nueva ha regresado a la comunión inicial, a la unidad siempre añorada. Las cosas vuelven a ser de todos, porque son de Dios. La vida, la de todos, vuelve a estar abierta a la inmortalidad, y de ello dan testimonio los apóstoles al anunciar la resurrección del Señor. Y Dios vuelve a mirar con agrado este mundo recién estrenado, el mundo de su Hijo, el mundo de Cristo resucitado, un mundo nacido de la misericordia, creado por la fuerza del Espíritu, un milagro de la gracia, pura hechura de Dios.
Nadie diga, “soy cristiano”, si no es un hombre, una mujer, que pertenecen al mundo nuevo inaugurado con la resurrección de Cristo Jesús. Un mundo reconciliado, pacificado, animado por el Espíritu de Jesús, un mundo de hijos que han nacido de Dios y que en sí mismos, por su fe, han vencido al mundo viejo.
Nadie diga, “soy cristiano”, si no es un hombre, una mujer, que pertenecen a esa humanidad nueva que tiene por cabeza al hombre nuevo, que es Cristo resucitado. Considerad la herencia que de él recibís: “Entró Jesús, se puso en medio de ellos y les dijo: _Paz a vosotros… Recibid el Espíritu Santo”. Considerad lo que sois por lo que de Cristo habéis recibido: Sois hombres y mujeres de paz y de Espíritu. Y lo que sois, eso mismo da razón de lo que manifestáis y de lo que hacéis: “Los discípulos de llenaron de alegría la ver al Señor… A quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos”. La alegría y el perdón son habitantes permanentes del mundo nuevo que ha empezado con la resurrección de Cristo.
Por si alguien no se hubiese dado cuenta todavía, ese mundo nuevo que Dios ha creado con infinito amor, es un mundo nuevo de amor para los que lloran, para los que conocen de cerca la miseria, para la humanidad llagada. Y supongo que sólo los que lloran, sólo los arrojados al borde del camino de la vida, sólo los llagados tienen ojos para ver la novedad que Dios a todos ofrece.
El amor es la epifanía del mundo nuevo.
Las llagas, las de Cristo y las del mundo, son lo que está a nuestro alcance ver, tocar, para creer y amar.
Feliz domingo. Feliz eucaristía. Feliz encuentro con Cristo en el misterio y en los pobres. Feliz PASCUA de resurrección.
Santiago Agrelo Martínez (Obispo de Tánger)
viernes, 3 de abril de 2015
La heroica lección del amor
Meditación para el viernes santo de Chiara Lubich:
Lo había dado todo: una vida al lado de María, en medio de las incomodidades y en la obediencia. Tres años de predicación revelando la Verdad, dando testimonio del Padre, prometiendo el Espíritu Santo y haciendo toda clase de milagros de amor.
Tres horas en la cruz, desde la cual perdona a los verdugos, abre el Paraíso al ladrón, nos da a su Madre y, finalmente, su Cuerpo y su Sangre después de habérnoslos dado místicamente, en la Eucaristía. Le quedaba la divinidad.
Su unión con el Padre, la dulcísima e inefable unión con Él, que lo había hecho tan potente en la tierra, como Hijo de Dios, y aún en la cruz mostraba su realeza, este sentimiento de la presencia de Dios, debía ir desapareciendo en el fondo de su alma, hasta no sentirlo más; separarlo de algún modo de Aquel del que dijo que era una sola cosa con Él: "El Padre y yo somos una sola cosa" (Jn 10, 30). En Él, el amor estaba anulado, la luz apagada; la sabiduría callaba.
Se hacía nada, entonces, para hacernos partícipes del Todo; gusano de la tierra (Salmo 22, 7), para hacernos hijos de Dios. Estábamos separados del Padre. Era necesario que el Hijo, en el que todos nos encontrábamos, probara la separación del Padre. Tenía que experimentar el abandono de Dios para que nosotros nunca más nos sintiéramos abandonados. Él había enseñado que nadie tiene mayor caridad de quien da la vida por los amigos. Él, la Vida, daba todo de sí. Era el punto culminante, la expresión más bella del amor.
Su rostro está detrás de todos los aspectos dolorosos de la vida; cada uno de ellos es Él.
Sí, porque Jesús que grita el abandono es la figura del mudo: ya no sabe hablar.
Es la figura del ciego: no ve; del sordo: no oye.
Es el cansado que se queja.
Roza la desesperación.
Es el hambriento de unión con Dios.
Es la figura del desilusionado, del traicionado, parece haber fracasado.
Es miedoso, tímido, desorientado.
Jesús abandonado es la tiniebla, la melancolía, el contraste, la figura de todo lo que es raro, indefinible, que parece monstruoso, porque es un Dios que pide ayuda. Es el solitario, el desamparado. Parece inútil, un descartado, trastornado. Lo podemos ver en cada hermano que sufre. Acercándonos a los que se parecen a Él, podemos hablarles de Jesús abandonado.
A los que se descubren semejantes a Él y aceptan compartir su suerte, Él se convierte, para el mudo, la palabra; para quien no sabe, la respuesta; para el ciego, la luz; para el sordo, la voz; para el cansado, el descanso; para el desesperado, la esperanza; para el separado, la unidad; para el inquieto, la paz. Con Él, las personas se transforman y lo absurdo del dolor adquiere sentido.
Él había gritado el por qué, al que nadie había dado respuesta, para que tuviéramos la respuesta a cada porqué.
El problema de la vida humana es el dolor. Cualquier tipo de dolor, por más terrible que sea, sabemos que Jesús lo ha hecho suyo y transforma, por una alquimia divina, el dolor en amor.
Por experiencia puedo decir que apenas nos alegramos de un dolor, para ser como Él y luego seguimos amando haciendo la voluntad de Dios, el dolor, si es espiritual desaparece, y si es físico se convierte en yugo suave.
Nuestro amor puro en contacto con el dolor, lo transforma en amor; en cierto modo lo diviniza, casi continuando en nosotros --si así podemos decir-- la divinización que Jesús hizo del dolor.
Y después de cada encuentro con Jesús abandonado, amado, encuentro a Dios de un modo nuevo, más cara a cara, más evidente, en una unidad más plena.
La luz y la alegría vuelven y, con la alegría, la paz que es fruto del Espíritu.
La luz, la alegría, la paz que nacen del dolor amado impactan y conquistan a las personas más difíciles. Clavados en la cruz se es madre y padre de almas. La máxima fecundidad es el efecto.
Como escribe Olivier Clément «el abismo, que por un instante abrió aquel grito, se ve colmado por el gran soplo de la resurrección».
Se anula cualquier tipo de desunión, la separación y las rupturas son sanadas, resplandece la fraternidad universal, da lugar a milagros de resurrección, nace una nueva primavera en la Iglesia y en la humanidad
Lo había dado todo: una vida al lado de María, en medio de las incomodidades y en la obediencia. Tres años de predicación revelando la Verdad, dando testimonio del Padre, prometiendo el Espíritu Santo y haciendo toda clase de milagros de amor.
Tres horas en la cruz, desde la cual perdona a los verdugos, abre el Paraíso al ladrón, nos da a su Madre y, finalmente, su Cuerpo y su Sangre después de habérnoslos dado místicamente, en la Eucaristía. Le quedaba la divinidad.
Su unión con el Padre, la dulcísima e inefable unión con Él, que lo había hecho tan potente en la tierra, como Hijo de Dios, y aún en la cruz mostraba su realeza, este sentimiento de la presencia de Dios, debía ir desapareciendo en el fondo de su alma, hasta no sentirlo más; separarlo de algún modo de Aquel del que dijo que era una sola cosa con Él: "El Padre y yo somos una sola cosa" (Jn 10, 30). En Él, el amor estaba anulado, la luz apagada; la sabiduría callaba.
Se hacía nada, entonces, para hacernos partícipes del Todo; gusano de la tierra (Salmo 22, 7), para hacernos hijos de Dios. Estábamos separados del Padre. Era necesario que el Hijo, en el que todos nos encontrábamos, probara la separación del Padre. Tenía que experimentar el abandono de Dios para que nosotros nunca más nos sintiéramos abandonados. Él había enseñado que nadie tiene mayor caridad de quien da la vida por los amigos. Él, la Vida, daba todo de sí. Era el punto culminante, la expresión más bella del amor.
Su rostro está detrás de todos los aspectos dolorosos de la vida; cada uno de ellos es Él.
Sí, porque Jesús que grita el abandono es la figura del mudo: ya no sabe hablar.
Es la figura del ciego: no ve; del sordo: no oye.
Es el cansado que se queja.
Roza la desesperación.
Es el hambriento de unión con Dios.
Es la figura del desilusionado, del traicionado, parece haber fracasado.
Es miedoso, tímido, desorientado.
Jesús abandonado es la tiniebla, la melancolía, el contraste, la figura de todo lo que es raro, indefinible, que parece monstruoso, porque es un Dios que pide ayuda. Es el solitario, el desamparado. Parece inútil, un descartado, trastornado. Lo podemos ver en cada hermano que sufre. Acercándonos a los que se parecen a Él, podemos hablarles de Jesús abandonado.
A los que se descubren semejantes a Él y aceptan compartir su suerte, Él se convierte, para el mudo, la palabra; para quien no sabe, la respuesta; para el ciego, la luz; para el sordo, la voz; para el cansado, el descanso; para el desesperado, la esperanza; para el separado, la unidad; para el inquieto, la paz. Con Él, las personas se transforman y lo absurdo del dolor adquiere sentido.
Él había gritado el por qué, al que nadie había dado respuesta, para que tuviéramos la respuesta a cada porqué.
El problema de la vida humana es el dolor. Cualquier tipo de dolor, por más terrible que sea, sabemos que Jesús lo ha hecho suyo y transforma, por una alquimia divina, el dolor en amor.
Por experiencia puedo decir que apenas nos alegramos de un dolor, para ser como Él y luego seguimos amando haciendo la voluntad de Dios, el dolor, si es espiritual desaparece, y si es físico se convierte en yugo suave.
Nuestro amor puro en contacto con el dolor, lo transforma en amor; en cierto modo lo diviniza, casi continuando en nosotros --si así podemos decir-- la divinización que Jesús hizo del dolor.
Y después de cada encuentro con Jesús abandonado, amado, encuentro a Dios de un modo nuevo, más cara a cara, más evidente, en una unidad más plena.
La luz y la alegría vuelven y, con la alegría, la paz que es fruto del Espíritu.
La luz, la alegría, la paz que nacen del dolor amado impactan y conquistan a las personas más difíciles. Clavados en la cruz se es madre y padre de almas. La máxima fecundidad es el efecto.
Como escribe Olivier Clément «el abismo, que por un instante abrió aquel grito, se ve colmado por el gran soplo de la resurrección».
Se anula cualquier tipo de desunión, la separación y las rupturas son sanadas, resplandece la fraternidad universal, da lugar a milagros de resurrección, nace una nueva primavera en la Iglesia y en la humanidad
martes, 31 de marzo de 2015
Lavatorio de los pies
Ahora entrega su vida hasta la muerte ofreciendo a todos la salvación del Padre.
Así fue la despedida de Jesús, que quedó grabada para siempre en las comunidades cristianas. Sus seguidores no quedarán huérfanos; la comunión con él no quedará rota por su muerte; se mantendrá hasta que un día beban todos juntos la copa de «vino nuevo» en el reino de Dios. No sentirán el vacío de su ausencia: repitiendo aquella cena podrán alimentarse de su recuerdo y su presencia. Él estará con los suyos sosteniendo su esperanza; ellos prolongarán y reproducirán su servicio al reino de Dios hasta el reencuentro final. De manera germinal, Jesús está diseñando en su despedida las líneas maestras de su movimiento de seguidores: una comunidad alimentada por él mismo y dedicada totalmente a abrir caminos al reino de Dios, en una actitud de servicio humilde y fraterno, con la esperanza puesta en el reencuentro de la fiesta final.
¿Hace además Jesús un nuevo signo invitando a sus discípulos al servicio fraterno? El evangelio de Juan dice que, en un momento determinado de la cena, se levantó de la mesa y «se puso a lavar los pies de los discípulos». Según el relato, lo hizo para dar ejemplo a todos y hacerles saber que sus seguidores deberían vivir en actitud de servicio mutuo: «Lavándoos los pies unos a otros». La escena es probablemente una creación del evangelista, pero recoge de manera admirable el pensamiento de Jesús. El gesto es insólito.
En una sociedad donde está tan perfectamente determinado el rol de las personas y los grupos, es impensable que el comensal de una comida festiva, y menos aún el que preside la mesa, se ponga a realizar esta tarea humilde reservada a siervos y esclavos. Según el relato, Jesús deja su puesto y, como un esclavo, comienza a lavar los pies a los discípulos. Difícilmente se puede trazar una imagen más expresiva de lo que ha sido su vida, y de lo que quiere dejar grabado para siempre en sus seguidores. Lo ha repetido muchas veces: «El que quiera ser grande entre vosotros, será vuestro servidor; y el que quiera ser el primero entre vosotros, será esclavo de todos». Jesús lo expresa ahora plásticamente en esta escena: limpiando los pies a sus discípulos está actuando como siervo y esclavo de todos; dentro de unas horas morirá crucificado, un castigo reservado sobre todo a esclavos.
martes, 10 de febrero de 2015
La creación
Y dijo Dios: te voy a hacer a ti. A mi imagen y semejanza. Nacido en la corriente de la historia. Heredero de toda una estirpe de nombres y vivencias. Y en tus manos, como en las de tantos otros, pongo la creación entera. Bajo tu responsabilidad pongo los peces del mar, las aves del cielo, los animales domésticos, las fieras, los reptiles de la tierra. Te he creado a mi imagen, y por eso, tu vida será fecunda. Porque yo no puedo no crear. Crece y multiplícate en tu descendencia, en tus obras, en tus palabras o en el amor que pongas en juego. Te doy poder sobre la creación, sobre animales y plantas, que te servirán de alimento. Pero no destruyas lo que no has creado. Mira lo que he hecho. Es bueno. Haz que lo siga siendo.
Adaptación de Gen 1, 20-31; 2, 1-4, por Rezandovoy
domingo, 4 de enero de 2015
Sobre la sabiduría
Un texto precioso sobre la sabiduría de San Francisco de Asís:
Salve, reina sabiduría, el Señor te salve
con tu hermana la santa pura simplicidad.
Señora santa pobreza, el Señor te salve
con tu hermana la santa humildad.
Señora santa caridad, el Señor te salve
con tu hermana la santa obediencia.
Santísimas virtudes, a todas os salve el Señor,
de quien venís y procedéis.
Ningún hombre hay absolutamente en el mundo entero
que pueda poseer una de vosotras si antes no muere.
El que posee una y no ofende a las otras,
todas las posee.
Salve, reina sabiduría, el Señor te salve
con tu hermana la santa pura simplicidad.
Señora santa pobreza, el Señor te salve
con tu hermana la santa humildad.
Señora santa caridad, el Señor te salve
con tu hermana la santa obediencia.
Santísimas virtudes, a todas os salve el Señor,
de quien venís y procedéis.
Ningún hombre hay absolutamente en el mundo entero
que pueda poseer una de vosotras si antes no muere.
El que posee una y no ofende a las otras,
todas las posee.
San Francisco de Asís
Y la Palabra se hizo carne
"En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres" Jn 1, 1-18
La Palabra se hizo carne. Carne humana. ¡Es impresionante este misterio de la Encarnación!
.
Todo un Dios decide hacerse humano, pequeño, frágil, necesitado de ayuda… se hace uno de nosotros, para quedarse con nosotros, para compartir todo lo nuestro, para seguir actuando, creando y recreando a través de nosotros, para transmitirnos su luz de tal manera que podamos llevarla al mundo a través de nuestras obras de cada día…
.
Todo un Dios se hace humano para que los seres humanos seamos cada vez más divinos. ¡Qué maravilloso y misterioso intercambio donde se mezclan la humanidad y la divinidad! ¡Qué bien me hace darme cuenta cada día que cuanto más humana soy, más divina!
.
Todo un Dios quiere seguir manifestándose en su creación y, sobre todo, en cada ser humano, en ti, en mí… Y esto, cada día, en lo pequeño, en lo cotidiano, en medio de las alegrías, de los problemas y de las tristezas.
.
Termino con un párrafo del himno de laudes del viernes de la I semana que me resuena en la mente: Hombre quisiste hacerme, no desnuda inmaterialidad de pensamiento. Soy una encarnación diminutiva; el arte, el resplandor que toma cuerpo: la palabra es la carne de la idea: ¡encarnación es todo el universo! ¡Y el que puso esta ley en nuestra nada hizo carne su verbo! Así: tangible, humano, fraterno.
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La Palabra, Dios mismo, quiere seguir haciéndose carne en ti. Y tú, ¿quieres?
La Palabra se hizo carne. Carne humana. ¡Es impresionante este misterio de la Encarnación!
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Todo un Dios decide hacerse humano, pequeño, frágil, necesitado de ayuda… se hace uno de nosotros, para quedarse con nosotros, para compartir todo lo nuestro, para seguir actuando, creando y recreando a través de nosotros, para transmitirnos su luz de tal manera que podamos llevarla al mundo a través de nuestras obras de cada día…
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Todo un Dios se hace humano para que los seres humanos seamos cada vez más divinos. ¡Qué maravilloso y misterioso intercambio donde se mezclan la humanidad y la divinidad! ¡Qué bien me hace darme cuenta cada día que cuanto más humana soy, más divina!
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Todo un Dios quiere seguir manifestándose en su creación y, sobre todo, en cada ser humano, en ti, en mí… Y esto, cada día, en lo pequeño, en lo cotidiano, en medio de las alegrías, de los problemas y de las tristezas.
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Termino con un párrafo del himno de laudes del viernes de la I semana que me resuena en la mente: Hombre quisiste hacerme, no desnuda inmaterialidad de pensamiento. Soy una encarnación diminutiva; el arte, el resplandor que toma cuerpo: la palabra es la carne de la idea: ¡encarnación es todo el universo! ¡Y el que puso esta ley en nuestra nada hizo carne su verbo! Así: tangible, humano, fraterno.
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La Palabra, Dios mismo, quiere seguir haciéndose carne en ti. Y tú, ¿quieres?
viernes, 28 de febrero de 2014
Tu don
Hoy en día no hay soluciones fáciles, ni mágicas… Sin embargo cabe preguntarse una vez más que puedo hacer yo, que podemos hacer nosotros ante las heridas propias y de los hermanos y hermanas que nos rodean. Como superar la tentación de huir de estudio porque “todo es muy complicado”.
Pienso que debemos hacer todos, de entrada, un examen de conciencia realista y profundo. Reconocer mis potencialidades personales, mis talentos, mis cualidades en este momento de mi vida. ¿Qué puedo ofrecer a los demás? ¿Cuál es mi carisma? ¿Cuáles son mis dones recibidos? No lo que desearía ser sino lo que soy. Ni más ni menos. Y una vez identificados poner manos a la obra.
Es posible que mi don sea escuchar a las personas. Escuchar no significa esperar a que el otro termine de hablar sino entender lo que el otro vivo y hablar poco. Puede que lo más mío sea animar. Hay demasiados profetas de calamidades que se dedican a poner palos en las ruedas de las iniciativas con la excusa de ser críticos y que en el fondo esconden una gran impotencia. Hacen falta personas que animen, que pregunten, que se interesen por las iniciativas de los demás. Podría ser que el carisma sea la contemplación, el silencio, la oración. Oración en el rincón de casa y también oración teniendo delante a personas. La contemplación nos posibilita ser personas abiertas, que no manipulan sino que respetan los ritmos. Es probable que el don sea tener unas habilidades técnicas organizativas, o bien en las nuevas tecnologías… que siempre pueden dar una mano con alegría, con simplicidad. Y así podríamos seguir…
Pablo de Tarso nos recuerda que somos un Cuerpo. Y que está formado por muchos miembros y que el jefe de este Cuerpo es Jesús. Y nos exhorta a tener los mismos sentimientos. Sentimientos que van más allá de ideas e ideologías. Sentimientos que nos hablan de corazón, de ternura, de servicio amable, de apertura a Dios y a los demás.
Peré Borras
jueves, 4 de julio de 2013
¿Qué cuentan las cicatrices?
Vuelvo a pensar que la fuente de nuestra existencia está en la mirada de compasión que Dios tiene sobre cada uno de nosotros.
sábado, 1 de diciembre de 2012
La inoportunidad del Adviento
Inoportunidad. Quizá digamos esta palabra cuando estamos demasiado cómodos en nuestras vidas, cuando no queremos que nos despierten, cuando no queremos avanzar, cuando no queremos que nada ni nadie nos moleste.
Por eso creo que este artículo puede ser interesante para tener una actitud más viva durante este adviento.
Por eso creo que este artículo puede ser interesante para tener una actitud más viva durante este adviento.
Adviento 2012 from Juan XXIII
sábado, 17 de noviembre de 2012
El Misterio de la Iglesia
A veces hemos oído hablar de la Iglesia como el Cuerpo Místico de la Iglesia. Para este año de la fe he encontrado este vídeo que expresa este misterio de una forma muy sencilla y original.
Espero que os guste.
Espero que os guste.
miércoles, 7 de noviembre de 2012
Con la fe todo lo cambia
Tener fe en el Señor no es un hecho que interesa sólo a nuestra inteligencia, el área del saber intelectual, sino que es un cambio que involucra la vida, la totalidad de nosotros mismos: sentimiento, corazón, inteligencia, voluntad, corporeidad, emociones, relaciones humanas. Con la fe cambia verdaderamente todo en nosotros y para nosotros, y se revela con claridad nuestro destino futuro, la verdad de nuestra vocación en la historia, el sentido de la vida, el gusto de ser peregrinos hacia la Patria celestial.
Benedicto XVI
lunes, 20 de agosto de 2012
Mi existencia
El fin esencial de vivir consiste en dar lo que cada uno es, en EXTERIORIZARLO, pues sólo de ese modo se enriquece cualitativamente la realidad, se hace más bella, más plural, se continúa el proceso creativo del mundo. Para ello, resulta indispensable indagar lo que uno es, cuales son sus dones y sus capacidades.
Francesc Torralba
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