En el corazón del hombre una serie de exigencias que nos reclaman una respuesta cabal. No son preguntas que hayamos puesto nosotros, y no podríamos por nosotros mismos resolver, ni colmar ni calmar. La gran pregunta del corazón coincide con la felicidad: ser felices de veras. Y por eso reconocemos en nosotros un ansia de belleza, de bondad, de verdad, que realmente nos acompañen en el empeño de llegar a la felicidad para la que hemos nacido, porque así lo dejó escrito en nosotros Dios.
En la calle del cada día se pasean nuestras preguntas, nos persiguen los recuerdos, ensoñamos lo que no ha llegado todavía, y entre suspiros, amores y dolores, escribimos el presente con la tinta de nuestra libertad. Lo que nos ha querido decir Jesús no es algo postizo, superfluo, ajeno a lo que cada día nos pasa. Lo que Él ha venido a contarnos, lo que Él nos ha propuesto y lo que propiamente acompaña, es algo que nos corresponde, que tiene que ver con lo que como una exigencia irrenunciable nos reclama continuamente el corazón.
Extracto de la carta "El corazón tiene razones"
de Ms. Jesús Sanz
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