No debió ser fácil para los hermanos zebedeos ni para Pedro explicar qué sintieron durante la Transfiguración del Señor. Sin embargo, como cristianos, en algunos momentos de nuestra vida de fe hemos percibido esa presencia cercana, majestuosa, transfigurada, del Maestro: un encuentro de grupos, algunos tiempos fuertes, experiencias fuertes a lo largo de nuestra vida nos permiten intuir aquello que sintieron los apóstoles. Nosotros, como ellos, hemos tenido la tentación de “hacer tres chozas” y no querer bajar del monte. Pero el mandato de Jesús, entonces, se hace más fuerte que nunca. El mandato del maestro de poner los pies en la tierra y ser testigos de Aquel cuya grandeza no podemos sino intuir. ¿Cómo hacerlo? ¿Qué decir, cómo actuar? Sólo un consejo que se va repitiendo a lo largo del evangelio: no tengáis miedo.
En este camino de cuaresma que empezamos, ¿qué habita en mi corazón; el miedo o la fe en la grandeza de Aquel que me envía a ser semilla del reino entre mis hermanos?
1 comentario:
La Liturgia de este II Domingo nos ofrece dos partes bien diferenciadas:una de sacrificio y otra de glorificación. La primera parte nos lleva al Antiguo Testamento, al sacrificio de Abrahán, cuando por obedecer a Dios; a los setenta y cinco años, deja su tierra, sus costumbres y se pone en camino hacia la Tierra Prometida...Entre tanto el Señor le pondrá a prueba su Fe pidiéndole que sacrifique a su único y querido hijo: "Toma a tu, a tu único, al que amas, Isaac,; vete...y ofrécemelo en holocausto..."Abrahán obedece...Dios no quería la muerte de Isaac pero sí quería la Fe y la obediencia sin discusión de Abrahán. Isaac tiene un papel singular en la historia de la salvación; es la figura de Jesús, el Hijo único de Dios que Él sí, va a ser sacrificado por la redención de los hombres. Abrahán, por la voluntad de Dios le perdonó la vida a su hijo; pero Dios no le perdonó la vida a su propio Hijo sino que lo entregó por todos nosotros. Isaac lleva sobre sus hombros la leña del sacrificio,y se deja atar docilmente sobre el montón de leña, lo mismo que Jesús que carga con la Cruz del sacrificio y se tiende docilmente sobre ella y se deja clavar como un cordero mudo.
El hecho de la Transfiguración es de preparación para que los discípulos puedan afrontar los sufrimientos de la Pasión. La Pasión es un paso obligado para acceder a la gloria. La visión del Tabor es un anticipo de la Resurrección y un estímulo para que sigan a Jesús en el camino del Calvario: "Este es mi Hijo amado, escuchadlo". Nuestra vocación de cristianos es conformarnos a Cristo Crucificado para poder ser un día conformados y revestidos de su gloria.
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