Por Ti, oh Cristo,
aceptar perderlo todo para conseguirte
- a ti que nos has cautivado -
es abandonarnos al Dios vivo
y orar contigo.
“Padre, no lo que yo quiero,
sino lo que tú quieres.”
Perderlo todo para vivir de ti, Cristo,
es arriesgarse a una opción:
renunciar a sí mismo
para no seguir más dos caminos a la vez.
Decir no a lo que frena nuestra marcha tras de ti
y sí a lo que nos empuja hacia ti
y, por ti, hacia aquellos que nos confías.
Para quien escoge el absoluto de tu llamada,
no hay término medio.
Seguirte, ser mujeres y hombres de comunión,
es ir aproximándose
invisiblemente al martirio,
llevar en su cuerpo la agonía de Jesús
para ser signos
de la luz de Dios.
(Fr. Roger de Taizé)

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