Una anécdota de Martin Luther King
Después de un día particularmente fatigoso, fui a dormir muy tarde. Mi mujer ya se había dormido, y yo estaba a punto de abatir-me, cuando el teléfono sonó. Una voz irritada dijo: "Oye, negro, hemos tomado medidas respecto a ti. Antes de la próxima semana maldecirás el día que viniste a Montgomery". Colgué, pero ya no pude dormir. Parecía como si todos los temores me hubieran caído encima de repente. Había llegado el punto de saturación.
Salté de la cama y empecé a caminar por el cuarto. Finalmente entré en la cocina a calentar un bote de café. Estaba dispuesto a abandonarlo todo. Probé de pensar en una manera de esfumarme de todo aquellos mensajes sin parecer un cobarde. En ese estado de abatimiento, cuando mi coraje casi había muerto, determiné el presentar mi problema a Dios. Con la cabeza entre las manos, me incliné sobre la mesa de la cocina rezando en voz alta. Las palabras que decía a Dios esa noche son aún vivas en mi memoria. "Estoy aquí tomando posición por lo que creo que es la justicia. Pero ahora tengo miedo. La gente me elige para que sea su capitán y, si me presento delante de ellos falto de fuerza y coraje, también ellos se abatirán. Estoy al límite de mis fuerzas. No me queda nada. He llegado al punto en que ya no puedo hacer frente yo solo".
En aquellos instantes experimenté la presencia de la divinidad como nunca antes de entonces no la había experimentado. Parecía como si pudiera sentir la seguridad calmante de una voz interior que me decía: "Toma posición por la justicia, toma posición por la verdad. Dios está a tu lado siempre". Casi al acto sentí que los temores me abandonaban. Desapareció mi incertidumbre. La situación exterior continuaba siendo la misma, pero Dios me había dado la calma interior.
Después de un día particularmente fatigoso, fui a dormir muy tarde. Mi mujer ya se había dormido, y yo estaba a punto de abatir-me, cuando el teléfono sonó. Una voz irritada dijo: "Oye, negro, hemos tomado medidas respecto a ti. Antes de la próxima semana maldecirás el día que viniste a Montgomery". Colgué, pero ya no pude dormir. Parecía como si todos los temores me hubieran caído encima de repente. Había llegado el punto de saturación.
Salté de la cama y empecé a caminar por el cuarto. Finalmente entré en la cocina a calentar un bote de café. Estaba dispuesto a abandonarlo todo. Probé de pensar en una manera de esfumarme de todo aquellos mensajes sin parecer un cobarde. En ese estado de abatimiento, cuando mi coraje casi había muerto, determiné el presentar mi problema a Dios. Con la cabeza entre las manos, me incliné sobre la mesa de la cocina rezando en voz alta. Las palabras que decía a Dios esa noche son aún vivas en mi memoria. "Estoy aquí tomando posición por lo que creo que es la justicia. Pero ahora tengo miedo. La gente me elige para que sea su capitán y, si me presento delante de ellos falto de fuerza y coraje, también ellos se abatirán. Estoy al límite de mis fuerzas. No me queda nada. He llegado al punto en que ya no puedo hacer frente yo solo".
En aquellos instantes experimenté la presencia de la divinidad como nunca antes de entonces no la había experimentado. Parecía como si pudiera sentir la seguridad calmante de una voz interior que me decía: "Toma posición por la justicia, toma posición por la verdad. Dios está a tu lado siempre". Casi al acto sentí que los temores me abandonaban. Desapareció mi incertidumbre. La situación exterior continuaba siendo la misma, pero Dios me había dado la calma interior.

1 comentario:
La filiación divina nos hace fuertes en medio de los obstáculos"No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma"Considero, dice San Pablo, que los sufrimientos del tiempo presente no son comparables con la gloria que se ha de manifestar en nosotros por ser hijos de Dios." Sin miedo a la vida y sin miedo a la muerte porque Dios es nuestro Padre y nos da la Paz que necesitamos en los momentos de peligro. ¡Bellísima esta anécdota, que muy bien puede haber sido una definitiva conversión!
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