De Javier Garrido
Culminación de la Fiesta:
Ofrecemos el pan y el vino, frutos de la naturaleza, de nuestra actividad y de la solidaridad humana, y expresamos nuestro deseo de esa humanidad nueva que el Resucitado inaugura esta noche.
- Nunca como esta noche nos damos cuenta de que «en verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias, Padre Santo».
¿Por qué? Atrévete a enumerar los dones de Dios en tu vida, especialmente el de la resurrección de Jesús, y te quedarás anonadado. ¡Significa tanto: victoria sobre la muerte, liberación del pecado, futuro definitivo para el hombre, alianza eterna de Dios, participación en la vida del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo!
Nos unimos al sacrificio pascual de Jesús: por la fe hacemos nuestra su obediencia al Padre y su amor a los hombres.
El Resucitado se queda para siempre con nosotros a fin de que vivamos de su Espíritu y de su Palabra, de su paz y de su entrega, llevando a cabo la obra que El comenzó: el Reino, el proyecto del Padre.
Cuando nos demos el abrazo de la Paz, sentiremos mucho más que el contagio colectivo de nuestra fiesta: el regalo de sentirnos hermanos y el compromiso por realizar, día a día, en nuestra casa, en la calle o en el trabajo, lo que nos ha sido dado en Jesús resucitado.
No será fácil, pero contamos con El.
No hay comentarios:
Publicar un comentario