Un cuento para seguir avanzando en la vida:
El montañero había madrugado mucho con intención de coronar una cumbre, particularmente escarpada, antes de que el sol estuviera muy alto. Llevaba ya horas de esfuerzos en su solitaria ascensión y el cuerpo empezaba a acusar el cansancio. En sus botas había polvo de muchos paisajes y en su corazón poso de muchas melodías. Inesperadamente, el camino que seguía se bifurcó en dos. Se detuvo dubitativo por temor a equivocarse.
A los pocos minutos divisó a alguien que caminaba en dirección contraria.
-Oye -le preguntó tras saludarle- ¿me puedes indicar cuál es el verdadero camino que conduce a la cumbre?
-El verdadero camino -respondió el otro sin detenerse- es el que no conduce a ninguna parte. Sólo así seguirás siempre buscando.
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