Hablar de Jueves Santo es hablar de fiesta, de entrega, de servicio, de hacerse pequeño. ¡Cuánto tuvo que costar entender a los apóstoles el gesto de Jesús! Él da un paso más allá para poder comprender el significado profundo de todo cuanto se va a empezar a vivir. Quiere dejarlo grabarlo en la memoria de sus amigos.
Desde este preciso instante cuando todo da un vuelco, todo se vuelve más profundo, más denso. No hay otro camino para el amor que el servicio. Mostrarle al otro que es merecedor de una dignidad profunda, sea cual sea su situación. Invertir los rangos y categorías. Acariciar los cansancios. Despojarse uno de pompas y honras, de títulos y méritos, para vestirse la toalla de quien está dispuesto a cuidar del otro.
Es lo que haces tú, un Dios hecho hombre, un hombre que refleja Dios, y ese gesto genera sorpresa e incomprensión, resistencia y miedo. ¿Quién va a abrazar hoy esta lógica absurda? ¿Por qué hacerse pequeño y no grande? ¿Por qué agacharse para cuidar del sencillo?
No hay comentarios:
Publicar un comentario