viernes, 22 de abril de 2011

Viernes Santo I

Hoy sólo queda guardar silencio.
Hoy sólo queda contemplar.
Hoy sólo queda el amor.



Todo se ha ido haciendo más denso, más profundo. El odio se ha hecho más intenso, pero el amor también.

Estoy muriendo en la cruz y estoy amando. Nada, ni la muerte ni nada, podrá ya nunca separarnos de mi amor.
Comienza ahora, en el silencio del grano de trigo que muere, el milagro del Espíritu, la fiesta de la creatividad, la belleza multicolor de los dones múltiples.



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